Flash Informativo... Desde que tomó las riendas del Ejecutivo en Chihuahua, el corralismo operó para tomar el control de los demás poderes en el estado, empezando por el Judicial. (...) / Francisco Flores Legarda (Cartas al director)
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Trasfondo

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño

 

Carlos Murillo González

“…Todo poder emana del pueblo…el pueblo tiene en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos


Los signos del fin del mundo

Tantas cosas pasando en tan corto tiempo: huracanes, terremotos, tsunamis, el retorno de la Guerra Fría, crisis económicas, escasez de agua, todo pareciera indicar la próxima destrucción del mundo como lo conocemos. ¿Estos fenómenos son cíclicos o naturales?, ¿los ha provocado la misma especie humana?, ¿estamos viviendo el fin de los tiempos, la extinción del homo sapiens y otras especies?


Más Trasfondo

Juego de Ojos

A vuelta de correo


Miguel Ángel Sánchez de Armas


El 7 de mayo de 1932, el joven periodista campechano Héctor Pérez Martínez, autor de la columna “Escaparate” de El Nacional, reprochó nada menos que a don Alfonso Reyes –en ese momento embajador de México en Brasil– su “distanciamiento” de la literatura mexicana, y le expuso el descontento de un grupo de escritores –después conocidos como nacionalistas–, porque los “Contemporáneos” ni ponían interés en los problemas del país, ni volvían la mirada a la literatura de los grandes maestros mexicanos:

“Dentro de sobres inexpresivos, Monterrey –correo literario de Alfonso Reyes–, nos visita: notas sobre Góngora, charadas bibliográficas, la eterna cuestión de las aclaraciones al Cementerio marino de Válery, y una evidente desvinculación de México […] Y si es penoso contemplar el desarraigo de valores completos como Reyes, lo será, aún más, la comprobación del desligamiento de la juventud que está, contra su deseo, unida biológicamente a México.”


Más Juego de Ojos

 

MarcaPasos

EXIGIR A LA POLICÍA MILITARIZADA EL CESE INMEDIATO DE LA LLAMADA ''REVISIÓN DE RUTINA''


Leobardo Alvarado


Exigir el cese inmediato a la “revisión de rutina” y evitar la tentación de establecer “retenes para prevenir” la inseguridad, debería ser la primera preocupación para la sociedad, para organizaciones sociales y gobiernos locales ante la manera en que el gobierno federal inició acciones para detener la violencia e inseguridad, porque De facto se ha instalado lo que será la Guardia Nacional.


Sobre todo, esto debiera ser prioritario para la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz, atendiendo a la dolorosa experiencia de Ciudad Juárez con la militarización.


Lo ideal es que hubiera una oposición general a la militarización de las policías locales, pero ya sabemos que no sucederá. No al menos si la población agraviada no es la que lo demanda.


Más MarcaPasos

 

desde
España


¿Hacia un Brexit traumático?

Germán Gorraiz Lopez

El Brexit y el triunfo de Trump escenificaron el finiquito del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos que podían intermodelar o simular varios futuros alternativos y en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extremas de volatilidad que afectarán de manera especial a la vieja Europa.


Más desde España


Por los caminos de Sancho

México, Sancho y yo


Renward García Medrano


Yo tuve un amigo y maestro, viejo periodista, que no sólo me indujo al oficio, sino que iluminaba con su inteligencia aguda y heterodoxa, los laberintos de la vida del país y del mundo en los dos decenios que nos frecuentamos. Cada semana me reunía a desayunar con don Horacio Quiñones y a veces, con algún invitado. Coincidíamos en mucho, pero teníamos diferencias. Para él era claro que todos los títeres, incluyendo al grueso de los políticos, estudiantes y soldados, eran movidos por las pugnas precoces de la sucesión presidencial, y no por el choque de generaciones y mucho menos de ideologías.

En la huelga estudiantil de 1968, como profesor de la Escuela Nacional de Economía pasaba las noches que podía en la UNAM, al igual que otros y más meritorios amigos, como Lalo y Pablo Pascual, Eliezer Morales o Rolando y Fallo Cordera (Yo no conocía a Woldenberg). Don Horacio no cedía en sus opiniones sobre la marcha de los acontecimientos. La sociedad estaba dividida. Los mayores criticaban a los jóvenes y éstos llegábamos a veces al extremo de la ruptura. La incomunicación inició la debacle de la institución familiar.


Más por los caminos

 

 

 

 
Juego de Ojos
 

 

No creo en el fin del hombre…

Hace años descubrí que puedo hablar con los muertos.

Recientemente me instalé en un nicho sacramental para charlar un poco con William. Nos reímos porque casi todos lo creen muerto y preparan ceremonias recordatorias de su supuesta partida hace 56 años.

No fumo, así que no acepté la pipa de tabaco curado de Luisiana que me ofreció. Y como él dejó de beber, nadamás echó una mirada nostálgica a la botella de ajenjo que le presenté.

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No creo en el fin del hombre…

 

 

 

 

Miguel Angel Sánchez de Armas

 

 

 

 

          Hace años descubrí que puedo hablar con los muertos.

 

          Recientemente me instalé en un nicho sacramental para charlar un poco con William. Nos reímos porque casi todos lo creen muerto y preparan ceremonias recordatorias de su supuesta partida hace 56 años.

 

          No fumo, así que no acepté la pipa de tabaco curado de Luisiana que me ofreció. Y como él dejó de beber, nadamás echó una mirada nostálgica a la botella de ajenjo que le presenté.

 

          Hablamos del Condado de Yoknapatawpha. Creo que le aburrió mi insistencia comparativa. No sabe y no le importa si José Emilio inspiró en aquella tierra su comarca de la colonia Roma. Insistí. Se irritó. Atenazó mi vista con sus ojillos de águila y siseó: “Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. ¡Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás!”

 

          No entendí qué tenía que ver esta homilía con mi pregunta, pero así es William. Entonces le respondo que es un “big short man”… Él se atusa el bigote y casi en un suspiro dice que mi oxímoron es patético. No está de humor. Creo que piensa en la señora Coldfiel y en Quentin. Sé, porque me lo ha dicho, que en realidad no quiso que éste la dejara, pero no pudo vencer el torrente de vida que habían cobrado sus criaturas. Insisto en el coloquio. Recuerdo que hace 56 años, el 6 de julio, un viernes, según dicen los incrédulos, murió. Responde con una mirada midriática. Hace cincuenta y seis años, el 6 de julio, un viernes, dice, hubo una explosión atómica en Nevada que contaminó a más seres humanos que en Hiroshima. William no está para charlas esta tarde. Le pido cortésmente que vuelva a su Mictlán literario y cierro de golpe el libro.

 

          William Faulkner era bajo de estatura, elegante, no muy agraciado, desordenado, pendenciero y alcohólico. Su amorosa madre lo quiso consolar y le dijo que no se preocupara, que era feo, pero con cara de gente decente. Cató muchos oficios antes de convencerse de que escribir era en lo único en que realmente sobresalía. Escribía sin medida, casi hasta perder el sentido. Las páginas saltaban de su máquina cual conejos en celo. La palabra escrita, esa manera de hablarle a los que aún no han nacido, era su bálsamo. Crear mundos nuevos como un dios del Olimpo rabioso y ebrio le daba sobriedad a su propia existencia. 

 

          Dice Richard Ellmann que a lo largo de su vida William evitó los discursos y nunca se vio como un hombre de letras, sino como un campirano al que le gustaba contar historias. También detestaba a los entrevistadores. Cuando uno lo cuestionó sobre su “técnica”, respondió que no era ni albañil ni cirujano, profesionales estos que a diferencia de los escritores, sí debían dominar una “técnica”. Y en su trato con las clases dominantes, Manuel Vicent recuerda que John Kennedy coleccionaba personajes para adornar sus cenas privadas y convidó a Faulkner a la Casa Blanca. Por su mesa habían pasado ya los grandes: Norman Mailer, Saul Bellow, Arthur Miller, Sinatra… los sospechosos comunes, pues. Incluso Pau Casals había iluminado con su violonchelo alguna velada. Faulkner le contestó a vuelta de correo: “Señor presidente: yo no soy más que un campesino y no tengo ropa apropiada para ese evento. Ahora bien, si usted tiene algún interés en cenar conmigo, con mucho gusto le invito a mi casa de Rowan Oak, en Oxford, Misisipi”.

 

          Su conocida aversión a la tribuna despertó el morbo del mundillo literario cuando viajó a Estocolmo para recibir el Nobel de Literatura el 10 de diciembre de 1950. Era el primer estadounidense en recibirlo desde el fin de la segunda guerra y los reflectores glotones y los insaciables micrófonos aguardaban impacientes su discurso. Pero habló tan bajo y fue tan breve, que la homilía pareció perderse entre la luz quebradiza del Stockholm Konserthuset. Sólo los más cercanos alcanzaron a escuchar la profesión de fe que hoy me ha permitido conversar con él: “Yo no creo en el fin del hombre”.

 

          Para William Faulkner, cuya alma se liberó de la materia hace cincuenta y seis años, la novela también era el ateneo de sus antepasados y el congreso de sus descendientes, tal como lo planteara otro día de julio, cuarenta y siete años después, uno de sus epígonos, Carlos Fuentes.

 

          Recuerdo hoy a William con las palabras, breves y casi tímidas -punta de un formidable iceberg como los diálogos interiores de sus personajes- que aquel lunes dirigiera a los miembros de la Academia.

 

          “Siento que este premio me ha sido otorgado, no a mí como persona, sino a mi trabajo: a una vida de trabajo en la agonía y el sudor del espíritu humano, no en procura de gloria y menos aún de dinero, sino de crear, a partir de los materiales del espíritu humano, algo que no existía antes. Por eso, no soy más que un guardián de este premio. A su porción en dinero no será difícil encontrarle un destino acorde con el propósito y el significado que le dan origen. Pero querría hacer lo mismo con el reconocimiento, usando este momento como un pináculo desde donde me escuchen los hombres y las mujeres jóvenes que ya están dedicados a las mismas angustias y tribulaciones que yo, entre quienes está aquel que algún día ocupará el mismo lugar que yo ocupo ahora.

 

          “Nuestra tragedia de hoy es un miedo físico general y universal tan largamente padecido, que a duras penas lo podemos soportar. Ya no quedan problemas del espíritu sino tan sólo una pregunta: ¿cuándo seré aniquilado? Es por eso que […] el joven que escribe actualmente ha olvidado los problemas del corazón humano en conflicto consigo mismo, que solos bastarían para producir buena escritura porque son lo único sobre lo cual vale la pena escribir, lo único que justifica la agonía y el sudor. Debe aprenderlos de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más despreciable es tener miedo; y una vez aprendido, olvidarlo para siempre sin dejar espacio en su taller para nada que no sean las verdades y certezas del corazón, sólo las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no lo haga, su trabajo está bajo maldición. No escribe sobre amor sino sobre lujuria, sobre derrotas en las que nadie pierde nada valioso, sobre victorias sin esperanza y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Su dolor no llora sobre fibras universales y no deja huella. No escribe sobre el corazón, sino acerca de las entrañas.

 

          “Mientras no aprenda estas cosas, escribirá como si estuviera viendo el final del hombre e inmerso en él. Me rehúso a aceptar el fin del hombre. […] Es inmortal, no por ser el único entre todas las criaturas que posee una voz inagotable, sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión y sacrificio y fortaleza. El deber del poeta, del escritor, es escribir sobre estas cosas. Tiene el privilegio de ayudar al hombre a resistir aligerándole el corazón, recordándole el coraje, el honor, la esperanza, el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han enaltecido su pasado. La voz del poeta no debe ser solamente el recuerdo del hombre, también puede ser su sostén, el pilar que lo ayude a resistir y a prevalecer.”

 

1 de julio de 2018


  

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Miguel Ángel Sánchez de Armas

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Miguel Ángel Sánchez de Armas. : Profesor del postgrado en comunicación de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. Doctor en comunicación por la Universidad de Sevilla. Autor de diversos libros, entre ellos Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia, y En estado de gracia. Conversaciones con Edmundo Valadés. Fundador de la Revista Mexicana de Comunicación y de la Fundación Manuel Buendía, A.C. Ha sido conferencista en universidades del país y del extranjero y tiene numerosas participaciones en congresos nacionales e internacionales. Ejerce el periodismo desde 1968. Su columna semanal “Juego de ojos” se publica en México, Estados Unidos, Sudamérica y España.

 


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Gotera

    Con toga de manta.
    Estremecidos en lo hondo de sus apacibles y tiernos espíritus, los ministros del Poder Judicial no han soportado tanta sucia injuria y así, hechos la indignación pura, se han visto compelidos a dirigirse a la perrada para aclarar que no viven como reyes, que si mucho son modestos príncipes.
    Que no son 600 mil, sino nada más 583 mil y pico de pesos los que ganan al mes, salieron a rectificar los integrantes de la Suprema Corte.
    Y que así con un sueldo de casi 20 mil pesos al día --ahora sí que a mil por hora--, apenas y si les alcanza para mal vivir, aunque disfrutan además de una decena de distintos bonos, compensaciones, extras y otros arrimadijos que les cubren no solo el celular y el desgaste por estrés, sino hasta las mediasuelas y el quitacallos.
    Alegan en su defensa (TEPJF e INE incluidos) que si se les llega a bajar un sólo peso, ellos perderán su halo de integridad, quedarán a expensas de la corrupción, es decir se verán tentados a pedir moches y limosna.
    Así, sin el dinero que les de tranquilidad, independencia y soberanía, ya no podrán garantizar ser los hombres rectos, honrados y ¿justos como hasta ahora?
    Y pues que necesitan continuar en esa cima salarial para poder en emitir fallos limpios y chulos de bonitos como cuando avalaron el "haiga sido como haiga sido" electoral que llevó a Felipe Calderón al poder. O más reciente, la convalidación del fraude en las elecciones para gobernador en Puebla.
    En fin, que se les haga justicia porque...pueden ser peores. (véase el enclave del poder judicial en Brasil, Argentina, Paraguay, etc. con sus golpes de estado).


Más Gotera

Contexto


México:
año nuevo,
gobierno viejo

flecha

Leviatán

El culero del FCE


Ramón Quintana Woodstock

 

Si algo conquistamos este último julio, es el derecho a llamar las cosas por su nombre, a los ladrones, ladrones, a los traidores, traidores, a los enmascarados, enmascarados, a los culeros, culeros. ¡ya, por lo menos lenguaje y claridad no!” Esa fue la sentencia de Taibo II, en la FIL, este 2018. Si bien, él habla de lenguaje y claridad, no obstante, el último adjetivo se debiera de poner sobre la mesa y explicar a qué se refiere con culero. Las definiciones subsecuentes no parecieran coincidir con la intencionalidad que el escritor trató de darle.



Más Leviatán

La Nota Nostra

Nini

 

Ramón Quintana Woodstock

 

Conforme pasó el tiempo hicieron mella los consejos de mi mamá. Entre otras cosas decía: báñate Ramón. No lo hacía con gusto pero sabía que de no hacerlo me diría con todas sus letras “hueles a sobaco chavalo marrano”. (La palabra chavalo en el norte es muy usual para denominar a los lepes, así que, chilangos, ahí la tienen para que se familiaricen con el caló norteño).

Cada año mi madre me inscribía en la escuela, era la única respuesta que ella le obsequiaba a la ignorancia con la que había crecido en el pueblo, así que por lo mismo el hecho de que faltara o reprobara era como pegarle a Dios en la entrepierna. En ese mismo tenor si aquella me miraba con los chavalos punks, aquello implicaba regañada.

 

Mediometro

La desatada cacería de agentes ministeriales a manos de sicarios ¿se debe a?
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DesdeJuárez

Juárez. ¿Ciudad resiliente?

 

Juan Hernán III Ortíz Quintana

María Luisa García Amaral, además de llamarme pendejo a la menor oportunidad, me decía que la ciudad era la costra de las relaciones sociales. Que en la ciudad se ve reflejada la manera en que la gente vive.

Ciudad Juárez es sucia. Evidencia de ello son los eventos que se anuncian en los postes de la ciudad, la mayoría de mediana calidad e intrascendentes culturalmente, violan los reglamentos municipales, ensucian y a cambio los juarenses les damos nuestro dinero.


Mas Juárez

A la Cabeza

Cielo despejado

 

Francisco Flores Legarda

 

Nunca digas "es mío". Si no es nuestro, no es mío ni tuyo.
Jodorowsk


Un sábado primero de diciembre, con cielo despejado, fue el día de la asunción como presidente constitucional de Andrés Manuel López Obrador. Es el dato que sin intermediarios verifiqué, lo demás lo he escuchado y leído al boleo. Nada nuevo acerca de lo que ha dicho él, de lo que han dicho sobre él. AMLO de una sola pieza y con una gran responsabilidad sobre sus espaldas y a la que están comprometidos sinfónicamente sus colaboradores (eso creo). Decenas de miles se reunieron en el centro histórico del país, México. Alegría jubilosa de los reunidos para constatar el inicio de una administración más que quiere hacer historia inclusiva para no estar demás.


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