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Trasfondo

Ley de seguridad, vuelta al autoritarismo

 

Carlos Murillo González

Culpable o no, ahora tu libertad está en juego
Eduardo Cisneros
 

El fascismo trata afanosamente por establecerse de manera legal en México de mano de la clase política, esa amenaza permanente de hombres y mujeres sin escrúpulos capaces de escupir a su madre o vender la patria si es necesario con tal de seguir mamando del poder. La criminalización de la sociedad no sólo lleva en marcha lo que tiene Calderón de presidente espurio, ahora también será una excusa para reprimir cualquier manifestación legítima u antigubernamental.


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Juego de Ojos

Memoria de Los heraldos negros


Miguel Angel Sánchez de Armas


A más de cien años de que César Vallejo diera a la poesía universal su impronta inmortal, su obra sigue igual de vigorosa y vigente, quizá más porque escasos han sido los grandes bardos que puedan opacar su legado. Esto lo apunto como dato y con cierta tristeza.


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LA NECESIDAD DE ORGANIZARNOS PARA EL PLEBISCITO: EN FAVOR O EN CONTRA, DEL PROYECTO JUÁREZ ILUMINADO


Leobardo Alvarado


SOBRE EL PLEBISCITO aprobado por el Instituto Estatal Electoral para que sean las y los ciudadanos quienes decidan si desean el proyecto Juárez Iluminado, vale recordar la historia local reciente.

El año 2005 se buscó el referéndum para impedir que se llevara a cabo lo que coloquialmente se conoció como "Ciudad Vallina"; o la propuesta del desarrollo del Plan San Jerónimo. Entonces el Congreso Local negó esa posibilidad, pese que de las alrededor de 44 mil firmas que se necesitaban para avanzar el proceso, las y los ciudadanos que participamos de aquel momento logramos recabar más de 55 mil firmas.[1] En este sentido es importante reconocer el papel preponderante que tuvo el Consejo Ciudadano por el Desarrollo Social donde confluíamos diversas organizaciones de la sociedad civil.
 


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España


¿Será el coronavirus el cisne negro de la Globalización?

Germán Gorraiz Lopez


“La crisis es la mejor bendición que le puede suceder a personas

y países porque la crisis trae progresos” (Albert Einstein).
 

El khaos y el coronavirus

Shakespeare, por boca de un asustado Enrique IV expresa el miedo y la impotencia del hombre debido a la ausencia de certezas ante el caos de la mudanza : “¡Dios mío, si tuviésemos la opción de leer en el libro del destino y ver del tiempo las revoluciones, ver cómo la ocasión se burla y cómo llena el cambio la copa de Mudanza con diversos colores”.


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Por los caminos de Sancho

Belicosos


Renward García Medrano


Es difícil entender la lógica de los políticos; a veces ni ellos la entienden y se limitan a repetir patrones de conducta que funcionaron hace cincuenta años.  Algunos tienen un espíritu camorrista y suelen estallar con facilidad –“son de mecha corta”, dicen sus amigos– pero por motivos del todo incomprensibles, no dan la cara; agravian, calumnian, descalifican, desprestigian a sus adversarios, pero jamás mencionan sus nombres, como si quisieran evadir la responsabilidad de sus palabras.

Este lenguaje zahiriente pero indirecto, pudo ser útil a mediados del siglo XX, cuando había un partido hegemónico y un sistema piramidal de ejercicio del poder político, en el que un exceso verbal podría ser muy costoso. Pero en el siglo XXI y en un país que tuvo una transición democrática profunda y pacífica, el doble lenguaje de otros tiempos suena tan artificial como sonaría Shakira si quisiera adoptar el estilo de Libertad Lamarque. 

Los políticos de otros países tampoco suelen ser confiables, pero son menos barrocos. Lula, por ejemplo, tiene un talante optimista y llama a las cosas por su nombre; la actitud de Obama es abierta; destila eficacia y claridad. Pero el panismo en el poder sigue estancado en el rencor social soterrado que sale a la luz en el discurso ambiguo pero de una violencia emocional intimidante.


Más por los caminos

 

 

 

 
Juego de Ojos
 

 

Una vida en el karroo

Olivia Emilia Albertina Schreiner nació el 24 de marzo del Año del Señor 1855 en una pequeña estación agrícola de Wittenberg -hoy Lesoto- y fue la novena de los doce hijos de Gottlob y Rebeca, una pareja de predicadores calvinistas que escuchó el llamado divino y viajó de Inglaterra a Sudáfrica para evangelizar a los paganos. Tristemente, el matrimonio tuvo más éxito en echar hijos al mundo que en convertir a los idólatras en el vasto territorio del Cabo.

Miguel Angel Sánchez de Armas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vida en el karroo

 

 

 

  

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 


         Olivia Emilia Albertina Schreiner nació el 24 de marzo del Año del Señor 1855 en una pequeña estación agrícola de Wittenberg -hoy Lesoto- y fue la novena de los doce hijos de Gottlob y Rebeca, una pareja de predicadores calvinistas que escuchó el llamado divino y viajó de Inglaterra a Sudáfrica para evangelizar a los paganos. Tristemente, el matrimonio tuvo más éxito en echar hijos al mundo que en convertir a los idólatras en el vasto territorio del Cabo.

 

         Gottlob quiso combinar el púlpito con el comercio y la alta clerecía imperial lo puso de patitas en la calle. Debió ser un personaje singular. Me lo imagino chaparro, terco, grueso y fuerte; un rubicundo teutón lleno de complejos y enojado con el mundo que lo arrumbó en el confín de la tierra entre salvajes ignorantes. Un paterfamilias que imponía con mano de hierro el temor a Dios en su casa y en la vida fue de fracaso en fracaso hasta su muerte en la bancarrota en 1876.

 

         Fueron años difíciles para los Schreiner. A los 12 años Olivia fue enviada con sus hermanos mayores para hacerse cargo de las labores de casa. Después se empleó como institutriz y en 1881 había ahorrado lo suficiente para viajar a Inglaterra con la ilusión de estudiar en la Escuela de Medicina para Mujeres de Elizabeth Garrett Anderson y Sophia Jex-Blake, proyecto frustrado por su mala salud y problemas emocionales. Pero sí consiguió que un editor leyera un manuscrito con el que había viajado desde su pueblo, con el relato amoroso y amargo de un territorio en donde la luna chorrea su luz y el karroo se extiende en su inmensidad salitrosa hasta donde la vista alcanza.

 

         Historia de una hacienda africana apareció bajo el sello de Chapman & Hall en 1883 con el seudónimo “Ralph lron” y fue aclamada como una de las grandes obras de la literatura universal. Se le considera la primera novela moderna sudafricana. Hoy, 137 años después, la historia de sus protagonistas, Em y Lyndall, en un rancho en donde nada hay más importante que la Biblia, puede conmover hasta las lágrimas por la fuerza vigente de las emociones y la tragedia de los personajes.

 

         Es el año de 1860. Las primas Em y Lyndall viven y trabajan en un humilde rancho en la desértica llanura sudafricana llamada karroo. Em es adiposa, dulce y pasiva, un perfecto ejemplar destinado al matrimonio. Lyndall es inteligente, inquieta, bella... y condenada a la infelicidad. Su apacible vida se altera con la aparición de un bombástico irlandés, Bonaparte Blenkins, quien asegura tener parentesco con Wellington y con la reina Victoria y se apodera de la voluntad de la lerda y gorda madrastra de las muchachas. Así, conforme transcurre la vida de las dos mujeres hacia un trágico desenlace, el lector es llevado por los meandros de la condición humana no sólo de aquella retrasada colonia, sino del género mismo.

 

         Olivia Schreiner fue catapultada a la fama literaria de inmediato. De vivir en cuartuchos baratos de los barrios pobres de Londres, se le abrieron las puertas de los salones literarios y los círculos intelectuales de vanguardia. Pronto descubrió su segunda vocación, la de activista en favor de los derechos de las mujeres, y se integró a movimientos que en aquella época victoriana, de acuerdo a sus críticos, “no gozaban de la mejor reputación”.

 

         Hoy se le  considera una de las madres fundadoras del feminismo. Luchó por el sufragio universal, la educación, la liberación sexual y la igualdad de salarios y publicó un clásico del género, Las mujeres y el trabajo, en el que denuncia el “parasitismo sexual” del hombre sobre la mujer. También fue una activa pacifista durante la primera guerra mundial.

 

        Un estudio fotográfico hecho durante la primera de sus dos estancias en Londres nos muestra a una mujer gruesa, de facciones agradables y aura inteligente, en cuyo semblante nada hay que permita adivinar el alma atormentada y la vida sumida en la tristeza y la depresión.

 

         La existencia de Olivia Schreiner fue una de soledad y frustraciones amorosas y sexuales. Dan Jacobson, quien prologó en 1971 la edición de Penguin Classics de Historia de una granja africana, se pregunta si la vida de la escritora en pueblos sudafricanos como Kimberley, Cradock o De Aar habría sido más solitaria que en las casas de huéspedes londinenses que fueron durante tanto tiempo su hogar, “si la convivencia con rancheros bóer y con sudafricanos ignorantes pudo haber sido más dañina a su talento que, digamos, la que tuvo con la Sociedad de la Nueva Vida en Londres (cuya meta era ‘cultivar en todos y cada uno un carácter perfecto’).”

 

         Sigue: “Havelock Ellis [...] autor de estudios sobre la sicología de un acto sexual del que él era incapaz; Edward Carpenter, el delicado homosexual redactor de panfletos sobre los derechos de la mujer y del ‘sexo intermedio’; Leonora, la brillante y trágica hija de Karl Marx quien fue llevada al suicidio por su amante Edward Aveling -conspicuo socialista, revolucionario, estafador y mujeriego-, esta era la clase de personas entre quienes [Olivia] encontró a sus mejores amigos.

 

        “Ciertamente es más fácil ser irónico que justo respecto a esos victorianos seculares, progresistas, feministas, traductores de Ibsen e incansables fundadores de organizaciones y sociedades de debate. Que con tanta frecuencia fracasaran en vivir de acuerdo a sus ideales sería en sí algo que difícilmente se les podría echar en cara. ¿De cuántos de nosotros no se podría decir lo mismo?”

 

         Olivia tenía 26 años cuando llegó a Inglaterra. Además del manuscrito de Historia de una granja africana llevaba en el equipaje otras dos novelas, que habrían de ser póstumas. Su vida entró en un remolino emocional agravado por el represivo ambiente victoriano de la época. Era una mujer fuerte, pues defendió con éxito la trama de su novela (los editores querían que Lyndall, quien muere en el parto, se casara con el padre de la criatura, “para no ofender el pudor de los lectores”) aunque debió utilizar un seudónimo masculino, “Ralph lron”: habían pasado sólo siete años de la muerte de la baronesa Dudevant, Amandina Aurora Lucía Dupin, quien firmara sus libros como “George Sand”.

 

         Creo, por lo que he leído de ella, que nació en el siglo equivocado. La imagino una mujer fogosa, apasionada, poco convencional, que sufría atrapada en los corsés reales e ideológicos que aquella sociedad imponía a sus mujeres. Siempre en busca del amor y la felicidad, tuvo una serie de affaires que fueron el escándalo de las buenas conciencias. Entre ellos uno, al parecer nunca consumado, con Havelock Ellis. De aquella época sobreviven numerosas cartas. El 28 de julio de 1884 le escribió a Ellis una nota conmovedora que ofrezco en traducción libre mía:

 

         Iba a romper el papelito que te mando [destruido] pero no lo haré porque tal vez te gustaría leerlo. No puedo explicar qué quiero decir con este miedo, ni siquiera a mí misma; tal vez tú puedas hacerlo por mí. Tengo mucho miedo de quererte demasiado. Me da una sensación amarga si siento que tal vez lo haga. Creo que eso es. Me siento como alguien que empuja una pequeña bola de nieve por la ladera de una montaña y sabe que en cualquier momento se le saldrá de control y crecerá más y más y se irá... no se sabe a donde. Sin embargo cuando recibo una carta, incluso como tu indiferente nota de esta mañana, pienso: “Pero eres tú mismo”. En tanto eres mi misma persona, te amo y estoy cerca de ti; en tanto eres un hombre, te temo y me aparto de ti.

 

         En 1899 Olivia volvió a Sudáfrica y se casó con Samuel Cronwrigh, un ranchero y activista político que también era otra personalidad fascinante: añadió el apellido de Olivia al suyo para quedar Cronwright-Schreiner. ¡Y si eso no fue una muestra de amor, no sé cómo podría calificarse! Fue madre de una niña que murió a las pocas horas de nacida. Su infelicidad se acentuó y regresó a Inglaterra sola. A principios de 1920 Samuel fue por ella para llevarla de regreso a su país. Dicen las crónicas que no la reconoció, tan enferma y consumida estaba, al llegar al miserable cuartucho en donde vivía.

 

         Olivia Emilia Albertina Schreiner murió el 10 de diciembre de ese mismo año y fue enterrada junto con los restos de su hija y de su perro favorito en Buffels Kop, en la desértica planicie karroo.

 

12 de enero de 2020.

 

  

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Miguel Ángel Sánchez de Armas

jdosemanal@yahoo.com

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Tuit: @sanchezdearmas

Blog: www.sanchezdearmas.mx

 

 

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Miguel Ángel Sánchez de Armas: Profesor del postgrado en comunicación de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. Doctor en comunicación por la Universidad de Sevilla. Autor de diversos libros, entre ellos Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia, y En estado de gracia. Conversaciones con Edmundo Valadés. Fundador de la Revista Mexicana de Comunicación y de la Fundación Manuel Buendía, A.C. Ha sido conferencista en universidades del país y del extranjero y tiene numerosas participaciones en congresos nacionales e internacionales. Ejerce el periodismo desde 1968. Su columna semanal “Juego de ojos” se publica en México, Estados Unidos, Sudamérica y España.

 


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Gotera

   No que no traibas, piojoso!

   Cuando a los juarenses les llega el ¡arriba las manos! del recibo del agua, ya no hay nada  que hacer.

   No papacito! no, ya no son 250, ahora son 800 pesos los que tienes que aflojar, dice el del antifaz azul.

   ¡A ver, ese del minimote, empínate un poco más roñoso! que no te veo la cartera.

   Que con permiso de quién? pues nada más y nada menos que del mero mero jefe de la banda de gobierno.

   Que por qué?

   Pues porque se le hinchan los bigotes, por que con toda alevosía puede meter la mano a la bolsa de la madre o padre de familia y llevarse hasta lo de las medicinas.

   Porque muy lejos de la sensibilidad social, para los traficantes hídricos no hay 'ley del mercado' que valga-, desde luego, se trata de un monopolio.

   Y finalmente, porque para saquear a los que 'menos saben, menos tienen y menos pueden' no hace falta más que la la frialdad mercantilista, la tarascada y, a guiguis...el seguro refugio de la impunidad.


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En tiempos del Führer, era un acto normal hacer mañaneras no solo en la mañana, la voz de Hitler desfilaba todo el día, las estaciones de radio estaban controladas por el gobierno del tirano, no se movía una silaba sin el que el dictador dijera algo, era un momento de zenit, pero ya se había trabajado muchísimo en ello, previamente el autor de los campos de concentración rogó para que le dieran el poder, el blanco eran los empresarios, por supuesto que el dinero era algo sustancial, les pidió que le apoyaran para sacar de Alemania del atolladero, y los empresarios movidos por el discurso impecable del nacionalismo le dieron el voto y así mismo, el poder. La promesa era la bonanza para sus factorías, por supuesto que con ese billete de cambio, los adinerados le dieron todo su soporte, al puro estilo priista -para ponerlo en contexto-.

 

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Juan Hernán III Ortíz Quintana

Si te molesta que alguien piense, viva y sea distinto a ti, te recomiendo dos cosas. Una deja de leer esto, que tengas lindo día y se feliz. La otra… ve a terapia, lo necesitas.

No trataré un tema tan polémico como el aborto, la libre determinación de la personalidad o la legalización de la marihuana para su uso recreativo. Pero sí es un tema sumamente sensible.

¿Cómo lo sé? Mi padre me lo enseñó. Sí, él era un cabrón muy sabio. Sabía de todo. Pero para él, el conocimiento no tenía sentido. Era más una cuestión de estatus, le gustaba sentirse superior y adoraba corregir a gente ignorante, más si cabía una burla de por medio.


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No es verdad que a las mujeres…..

 

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“Ladrón sagrado borro mis reflejos
Placer de nunca más saber quién soy.”

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A las mujeres le gusta el abuso sino marcharían.

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No hay manera de romper con las relaciones abusivas.

Hombres adictos a las drogas, parados, con estrés en el trabajo…


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